Básicamente contingencia y actualidad. Perdone Ud. de vez en cuando algo de sentimentalismo.
martes, 31 de agosto de 2010
Subiré...
...escalones eternos hacia la idiosincracia moderna, hasta que me ahogue en sus epítetos tan largos como la ceguera que deja el astro solar. Veré colores inimaginables e inexistentes, inventaré unos cuántos más, y de pasada dibujaré tu sonrisa. Besaré cada uno de tus dientes y me pondré en los hombros el pecado original de toda la humanidad. El peso me aplastará cuál gigante aplasta a la noble hormiga, pero junto con esa muerte, la absolución estará más cerca que nunca. Leeré en aquella mítica y atemporal dimensión sobre Dickens, Morrist y West, y los veré a cada uno plasmado en óleo manchando el cielo como escenario, y escupiendo éste a todo ser humano que en edades primigénias escupieron en esa dirección primero. Las nubes empezarán a hablar en el idioma de los leones, donde cada rugido será comparable a multitudes de infinitas tormentas, donde cada trueno será el sonido de las absoluciones de cada alma que pisó la tierra desde aquel mítico principio. Los rayos enceguecerán de asombro, masticarán la sorpresa y digerirán las plegarias de los mortales terrestres, para por último, defecar sobre una tierra fértil el fiel abono, que hará germinar las semillas del nuevo pacto. La fauna elevará canciones de salud, en honor al nuevo mundo creado, esta vez, sin humanos pisando a esta noble forma de vida. Resulta irrisorio pensar que un humano pueda predecir el final de su especie. Pero al ver que es un acontecimiento inevitable y necesario (palabras más precisas y concisas nunca habrá) se pasa de una corriente de confusiones al más puro y limpio deber: ser los próximos caudillos que se entregarán en sacrificio para que el resto de las especies vivientes siga existiendo. Ser kamikaze en el siglo XXI no es una opción; es un destino implacable e inesquivable.
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